16 de mayo de 2022

El Padre Quiñones, al lado de los jóvenes, los pobres y los migrantes

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En todas las parroquias donde ofició desde 1960 el Padre Ramón Dagoberto Quiñones impulsó obras de proyección social y fue uno de los primeros sacerdotes diocesanos que comenzaron voluntariamente a apoyar a los migrantes.

Su trabajo en favor de los migrantes inició a principios de la década de 1980.

Documenti del Concilio Vaticano II e Nota per l'Anno della Fede -  www.maranatha.it

El padre Quiñones fue ordenado sacerdote en 1960 junto con la renovación de la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano Segundo y el relevo del arzobispo Juan Navarrete por Carlos Quintero Arce.

Indica Luis Ernesto Flores (La creación de parroquias en la ciudad de Hermosillo (1961-1970)) que bajo Navarrete «en materia de formación religiosa, el trabajo se orientó desde el paternalismo clerical hacia la labor asistencial en diversos frentes: educativo (creación de escuelas), atención a la salud (cuidado de enfermos en hospitales), educación cristiana (centros de catecismo y parroquias).

«Hubo además factores internos que transformaron el horizonte de la Iglesia local. En 1959 el territorio y la población de la diócesis se redujeron a la mitad, al crearse la nueva diócesis de Ciudad Obregón, que dividió el Estado en dos partes más o menos iguales. Navarrete quedó a cargo de la parte norte del Estado, atendiendo la ahora diócesis de Hermosillo, que en 1964 se convirtió en provincia eclesiástica o arquidiócesis. Dos años después llega Carlos Quintero Arce, como obispo coadjutor (ayudante) con derecho a sucesión. En 1968, se le pide a Navarrete la renuncia a su cargo de arzobispo, debido a que había completado la edad límite para retirarse. Aunque los vientos del Concilio Vaticano II –que tenía por objeto principal la relación entre la Iglesia y el mundo moderno, convocado por el papa Juan XXIII, en enero de 1959; fue uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX– hicieron estremecerse el proyecto eclesial de Navarrete, éste enfrentó con disciplina la avalancha de cambios que se vinieron. Sin embargo, las demandas de una sociedad y una Iglesia cambiantes, poco a poco sobrepasaron los alcances de la Iglesia local.»

En este contexto actuaron varios jóvenes sonorenses egresados del Seminario en los sesenta.

El padre Quiñones en la San Juan Bosco

El padre Quiñones fundó varias parroquias y estuvo en varias en el norte del Estado. Flores Fontes narra sobre la estancia del presbítero en la San Juan Bosco de la colonia Olivares de Hermosillo, la primera que encabezó:

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San Juan Bosco

 El 13 de diciembre de 1959, en el Mensaje de Fátima, órgano de difusión de la Capilla de Fátima, se lee: “Por fin daremos principio a la construcción de la Capilla de la Colonia Olivares. El jueves pasado, el Excmo. Sr. Obispo aprobó el proyecto presentado por el P Salcido y autorizó la iniciación de su construcción tan luego como un ingeniero haga los planos de ley. La construcción se hará en el solar que el municipio reservó para la construcción del Templo, y está por las calles Othón Almada y López del Castillo”. También se hacían votos para que los vecinos de la Colonia Olivares pronto terminaran su capilla y tuvieran un sacerdote que atendiera las necesidades espirituales.

Cuatro meses después, en abril de 1960, se da la noticia de que el templo que se va a construir en la Colonia Olivares será en honor de San Juan Bosco, patrono de las catequistas. Esta propuesta se debe al padre Jaime Salcido, quien atiende ese sector de la ciudad, y es aceptada por el obispo Navarrete. El 20 de julio de 1960 se puso la primera piedra del templo, estando todavía como encargado de la colonia Olivares el padre Salcido. El 9 de octubre de 1960, el presbítero Dagoberto Quiñones, originario de Navojoa, es nombrado primer capellán de la Capilla de San Juan Bosco. Fue hasta febrero de 1961 cuando se pudo continuar la obra que Salcido había comenzado. Mientras tanto, las reuniones se celebraban en la esquina de Olivares y Michoacán, en la casa de don Carmelo Gastélum, hasta el 10 de septiembre de 1961. San Juan Bosco se erigió como parroquia el 19 de marzo de 1969 y se tomó posesión el 30 de marzo de 1969.

La parroquia de San Juan Bosco se ubica en la Colonia Olivares, que se inició en 1952, estando como presidente municipal de Hermosillo el Dr. Domingo Olivares. Se lotificaron los terrenos que estaban al norte de la Zona de Tolerancia y se les vendieron a la gente de escasos recursos, ofreciéndoles facilidades para que construyeran sus viviendas. Quiñones tenía muy claro que estaba a cargo de una parroquia periférica, con graves apuros económicos: “un párroco de parroquia pobre, carga con la angustia de estar privado de la obra social que le hace falta, cuando le faltan elementos y muchas veces tiene que batallar para mantenerse él mismo”. Había “problemas complejos”, que eran el principal obstáculo para integrar una verdadera comunidad cristiana: “prostíbulos situados a sólo un paso de nuestros barrios, casas de cita vestidas de restaurantes, adicción a las drogas y un gran número de madres solteras, entre otros” (Guía, 1969: 4).

La parroquia comprendía no solamente el sector de la Olivares, sino también los sectores de El Choyal, la colonia CTM, el periférico (de la calle Gándara al poniente), las colonias Santa Isabel y Progresista y, además, todo el sector noroeste del municipio de Hermosillo, incluidos ranchos y uno que otro campo de la costa. Según los datos del párroco, dentro de esos límites vivían más o menos 45 mil personas. Había solamente dos sacerdotes al cuidado de la parroquia. Para su mejor atención, la parroquia se dividía en nueve centros, además de la sede, considerada como el centro número 1. El centro 2 estaba en Periférico y López del Castillo, el 3 en Simón Bley, entre Tabasco y Campeche; el 4 en Saturnino Campoy y Caturegli, el 5 en Manuel I. Loaiza y Jesús Siqueiros, el 6 en la colonia Santa Isabel, el 7 en Tabasco, entre Caturegli y Gustavo Muñoz; el 8 en José Obregón, entre Nogales y J. Carmelo; el 9 en Juan José Aguirre y G. Muñoz y el 10 en la colonia CTM, calle Nogales final.

En agosto de 1961 se fundan los primeros grupos de Acción Católica en San Juan Bosco. En abril de 1969 quedó oficialmente instituida en la arquidiócesis la Acción Católica, con el fin de integrar los movimientos de la Acción Católica Sonorense a los de la AC mexicana. La junta parroquial establecida en San Juan Bosco tenía el objetivo de coordinar los trabajos de los grupos de Acción Católica y vigilar el buen funcionamiento de cada uno de ellos. Las cuatro ramas de la AC dependían de la junta. La rama correspondiente a las señoritas (JCFM) atendían la enseñanza de la doctrina a niños. Quiñones era el asesor diocesano de esta rama de la AC.

Se intentó constituir también la asociación o cofradía de la doctrina cristiana, con el fin de congregar a personas de buena voluntad que pudieran ayudar a enseñar la doctrina cristiana. Esta organización no pudo consolidarse fácilmente, debido a que muchos catequistas abandonaban el curso antes de terminar el año. Para la atención de los jóvenes, en San Juan Bosco se ofrecía a las parejas de novios los servicios de orientación matrimonial una vez a la semana, aprovechando a las parejas del Movimiento Familiar Cristiano.

En esta parroquia se realizó el primer encuentro cultural de la juventud, organizado por los mismos jóvenes de la AC. El grupo de señores de la AC llegó a ser el grupo base de la actividad religiosa en la parroquia, impulsando reuniones de familia para la instrucción cristiana.

Quiñones entendía que una parroquia tenía que realizar obras de proyección social para responder a los requerimientos de su tiempo y proyectarse auténticamente como Iglesia, ya que “los cristianos son hombres que no solamente tienen un alma que salvar, sino también un cuerpo que deben alimentar, vestir o curar” (Guía, febrero de 1969: 2). La imposibilidad de realizar esta proyección social, debido principalmente a limitaciones económicas, provocó la angustia del sacerdote de quedar reducido “a ser párroco solamente de la gente rezadora”. En la presentación del balance general de ingresos y egresos de 1969, reconocía que después de cubrir todos los gastos que tiene la parroquia, “sólo queda un promedio de 297.70 por mes como única cantidad disponible para cualquier proyección social”. Quiñones reconocía que el panorama social de la parroquia no era el más halagador.

La opinión del padre Quiñones sobre la etapa de renovación en que se encontraba la Iglesia a finales de los sesenta, después del Concilio Vaticano II, revela la cautela del clero ante los excesos de quienes buscaban cambios caprichosos o radicales: “En estos tiempos de renovación dentro de la Iglesia, algunos cristianos se han entusiasmado tanto, que saliendo adelante de las líneas que la misma Iglesia se ha marcado para su renovación, están pidiendo innovaciones a capricho. Pero la Iglesia tiene su línea de renovación marcada y la doctrina es inmutable (…) Los que se han entusiasmado mucho, demasiado, ante la perspectiva de una Iglesia nueva, moderna, que frenen sus impulsos”. Con menor fuerza llamaba la atención de los que no estaban caminando al ritmo del Concilio: “En esta línea de renovación, que los desesperados tengan paciencia y los que se van quedando atrás se apresuren”.

Su labor con los migrantes

“El Padre Ramón Dagoberto Quiñónez es uno de los primeros sacerdotes diocesanos que comenzaron voluntariamente a apoyar a los migrantes. Su trabajo en favor de estas personas inició a principios de la década de 1980, cuando como párroco en la ciudad de Nogales, Sonora, creó el Comedor para Migrantes del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el cual sigue en funcionamiento hasta hoy.

«En aquellos años, Centroamérica se hallaba inmersa en distintos conflictos militares, lo que provocó los primeros éxodos masivos de salvadoreños y guatemaltecos que se dirigían a Estados Unidos para huir de la violencia de sus países. El Padre Quiñónez, sin que existiera ninguna experiencia previa o directrices de la Iglesia católica nacional, decidió salir a su encuentro. De hecho, su involucramiento con la causa fue tal que figuró como uno de los miembros del denominado Movimiento Santuario, que en los años ochenta ayudaba a los migrantes centroamericanos una vez que cruzaban la frontera, transportándolos hasta la iglesia Southside Presbyterian en Tucson, o a los hogares de algunos voluntarios, quienes les brindaban no sólo albergue y comida, sino también asistencia legal para que pudieran iniciar una petición de asilo en Estados Unidos.

Quiñonez Álvarez Ramón Dagoberto


Su labor cristiana de ayuda al migrante mexicano y centroamericano lo llevó a otras regiones del estado de Sonora, donde siempre se dedicó a abrir espacios de atención y comedores. En seguimiento de la obra a la que ha dedicado una buena parte de su vida sacerdotal, cuando fue enviado al municipio de Benjamín Hill, en 2002, inició inmediatamente las gestiones para abrir un nuevo comedor en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima. En dicho espacio, que se encuentra en evolución para convertirse en albergue, el Padre Quiñónez, su equipo de colaboradores y los miembros de la comunidad local reciben y alimentan a migrantes, principalmente originarios de Centroamérica, para que puedan recuperar fuerzas y seguir su camino hacia Mexicali, en el estado de Baja California.”

Texto tomado de “Solidaridad en el Camino. Atlas de organizaciones de apoyo a personas migrantes centroamericanas.”

Descanse en paz otro gran sacerdote de Sonora.