26 de octubre de 2021

¿Sólo entre ellos?

Oscar Balmen (@oscarbalmen) | Twitter

Ahora ya no se están ni matando entre ellos ni acabando con la vida de inocentes que se subieron al ring en donde pelean a muerte los cárteles de la droga. Lo sucedido en Reynosa el fin de semana pasado es elocuente: hombres armados asesinaron, a sangre fría, a 14 personas, entre ellas albañiles, enfermeros, taxistas, estudiantes… 

POR EL PADRE FRANCISCO GÓMEZ HINOJOSA

SIETE PUNTOS

1.Allá por el 2010-2011, cuando arreció la violencia en la región, las autoridades respondían que estábamos ante ajustes de cuentas entre cárteles rivales, grupos delincuenciales que peleaban por territorios para comerciar la droga, escarmientos para traidores que se pasaron al bando contrario. Horrorizados veíamos las notas en las que aparecían cuerpos colgados de puentes o desmembrados en brechas y caminos vecinales. Pero era «entre ellos», nos tranquilizábamos, pues ni nosotros ni los nuestros pertenecíamos a esas agrupaciones.

2. Más de una vez discutí con familiares y amigos cuando, lamentando eso sí lo sucedido, sostenían que quienes morían de esa manera era porque se lo habían buscado, viviendo en circunstancias extremas, apostando siempre por el riesgo fatal, buscando una rápida riqueza como la breve historia que dejaban atrás. Siempre me opuse a esa tesis justiciera y providencialista, y machacaba que aún los peores delincuentes tenían derecho a juicios justos, y a no terminar decapitados y exhibidos por los medios de comunicación en macabras imágenes.

3. Si ocasionalmente se asesinaba a algún civil que no estaba involucrado en acciones delictivas, se le colocaba el siguiente epitafio: estuvo a la hora inadecuada en el lugar inadecuado. El azar lo había encontrado en el espacio y tiempo en los que no debió aparecerse y, tal presencia en medio de un fuego cruzado justificaba, al menos de manera velada, a los delincuentes. ¿Por qué tenía que meterse en una zona de guerra? Así, el fallecido pasaba a ser, de una manera u otra, culpabilizado. Quién le mandaba andar en sitios peligrosos.

4. Pero ahora ya no se están ni matando entre ellos ni acabando con la vida de inocentes que se subieron al ring en donde pelean a muerte los cárteles de la droga. Lo sucedido en Reynosa el fin de semana pasado es elocuente: hombres armados asesinaron, a sangre fría, a 14 personas, entre ellas albañiles, enfermeros, taxistas, estudiantes. Desde enero pasado han desaparecido 56 personas en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo, y se cree que varias de ellas han sido asesinadas, familias incluidas. 

5. Pues bien, si es un hecho que no se están matando solamente «entre ellos»: ¿a qué se debe la espeluznante decisión de matar civiles inocentes? ¿En qué se benefician los grupos delincuenciales cuando asesinan de manera indiscriminada a quien se topan por casualidad? No encuentro otra respuesta más que el demostrar poder a los grupos rivales y a las autoridades, y de que están dispuestos a todo, aún a la barbarie más inimaginable. Mientras tanto, los muertos se siguen acumulando en nuestro país, y no sólo por el Covid19.

6. En lo que va del sexenio, según la consultora TResearch, el número de homicidios dolosos llegó ya a cerca de 88,000. En el mismo período, el gobierno de Peña Nieto llevaba 43,000, y el de Calderón 31,000. Son demasiados muertos –uno ya sería mucho– y, me parece, lo más peligroso es que perdamos la capacidad de asombro, habituándonos a la tragedia, y que las autoridades sigan sin reaccionar de manera eficiente ante este flagelo. Por lo pronto, las muertes seguirán y, lo único cierto, es que ya no se matan nada más entre ellos.

7. Cierre ciclónico. «¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?» (uf… respire hondo). Tal es la pregunta que se nos hará en la consulta del próximo 1 de agosto. El problema no reside en su pésima redacción, sino en que se ponga a votación popular si se aplica la ley o no. Inaudito.

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