24 de junio de 2021

SAN MARTÍN DE PORRES EN SONORA

Imagen De San Martin De Porres Animado

El auge de la devoción en los años de 1960 por San Martín fue impulsada por la película ‘Fray Escoba’ y acciones como la del periodista José Luis Duarte, «El Lichi», quien divulgó la vida del santo mulato peruano quien «se metió en el corazón del pueblo».

La devoción a San Martín de Porres se reflejó en la cantidad de niños y niñas que en los años sesenta recibieron ese nombre. Además, se erigieron templos en Sonora y la imagen del santo mulato peruano fue adquirida en varias iglesias

por el Padre Armando Armenta

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San Martín de Porres (1579-1639) nació en Lima, Perú. Fue hijo natural de Ana Velázquez, una panameña de raza negra y del caballero español Juan de Porres. El ser mulato le valió muchas discriminaciones. Entró como terciario laico en el convento de los dominicos. Cuidó a los enfermos con cariño, que se extendía a los animales. Fue un excelente catequista, llevó una vida de mortificación y de devoción a la Eucaristía.

   Murió con  fama de santidad y en 1837 fue beatificado. El culto a su persona se reactivó hacia los años de 1920 en América, África y Asia. Su canonización en 1962 coincidió con las luchas de emancipación y defensa de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, quienes vieron en su llegada a los altares un gesto solidario de la Iglesia con sus causas.

Un mulato en el corazón del pueblo

   El semanario popular El Católico, que se editaba en Hermosillo, informó el 15 de abril de 1962 que fue «aprobada la canonización del Beato San Martín de Porres» por el Papa Juan XXIII. Un cardenal señaló que se «confirma la doctrina de unión fraterna y caridad, jamás reñida con el bienestar temporal del hombre, además es un preludio al Concilio Ecuménico» Vaticano II (1962-1965).

   El mismo semanario informó el 13 de mayo sobre la ceremonia de canonizazión celebrada el 6 de mayo de 1962 en la Basílica de San Pedro, por el Papa Juan XXIII. El 20 de mayo, un columnista con el pseudónimo de Josefo, hizo un comentario crítico: «La pompa y solemnidad del ceremonial que declaró Santo a Fray Martín, contrastan con la vida austera» del hermano mulato.

   La vida del Santo se divulgó en Hermosillo con la película «Fray Escoba» a mediados de 1962. José Luis Duarte, también conocido como «El Lichi», periodista de El Católico, en su columna Saetas promovió desde enero de 1963, la divulgación de la vida de San Martín por la radio de Hermosillo, en la estación XEBH. En Junio de 1964 recordó el éxito que tuvo la historia transmitida: «Me siento «causante» de ese fervor despertado en San Martín. Patrociné por seis meses en programas radiofónicos, la presentación pormenorizada de la vida de este Santo mulato que se metió en el corazón del pueblo».

   La canonización acrecentó la devoción a San Martín en Sonora, que se remonta hacia los años de 1950. En El Católico aumentaron la publicación de «acciones de gracias» por favores recibidos, relacionados especialmente con la salud, atribuidos a la intercesión del Santo.

Imágenes, templos y capillas

   Debido al auge de la devoción en los años de 1960, la imagen del Santo fue adquirida en varios templos de Hermosillo como el de Nuestra Señora de la Candelaria, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, Inmaculado Corazón de María, Santa Eduwiges, San José, Capilla del Carmen y en el hospital San Francisco.

   La imagen que se donó a la parroquia del Sagrado Corazón se bendijo el 5 de noviembre de 1962. En el barrio del Palo Verde existió una capilla particular dedicada al limeño de ébano, que llegó a ser popular. Se erigieron en su nombre templos en Cananea y Magdalena; este se bendijo en mayo de 1964. A la entrada del pueblo de La Colorada, al pie de un cerro, se le hizo una pequeña ermita en la roca.

El popular nombre de Martín

   La devoción a San Martín de Porres se reflejó en la cantidad de niños y niñas que en los años sesenta recibieron ese nombre. Así lo registran los libros de bautismo de las parroquias de Catedral y del Sagrado Corazón de Jesús, en Hermosillo. En la mayor parte de los casos el nombre de Martín o Martina acompañaba otro nombre. A algunos se les llamó Martín de Porres, Fray Martín, San Martín y Martincita.

   En la Parroquia del Sagrado Corazón el número de niños y niñas que recibieron el nombre Martín y Martina, fue el siguiente (después del año inidicado, la primera cantidad se refiere a los niños y la segunda a las niñas): 1962: 48 y 2; 1963: 105 y 20; 1964: 76 y 14; 1965: 97 y 15; 1966: 98 y 18. En total fueron 422 niños y 69 niñas.

En el Mariachi

   En mayo de 1964 se corrió la versión de que el Santo se apareció al niño Alejandro Molina en las faldas del cerro de El Mariachi, un barrio popular de Hermosillo, quedando su imagen grabada en una piedra. Según lo informaron algunos diarios, se despertó la curiosidad de la gente que por centenares convirtieron el cerro en «un lugar de romería popular», buscando «al Santo varón de color».

   Algunos vecinos vigilaban piadosamente el lugar. La piedad de la gente puso una urna en la piedra y nació la iniciativa de hacer una capilla. Al cerro se le empezó a llamarle «de San Martín». Algunas personas portaban el hábito del dominico, se prendieron veladoras, se colocaron exvotos y se puso una alcancía, lo que provocó la intervención de la policía debido al dudoso uso de esos recursos.

   El caso se hizo confuso, pues no se supo del paradero del niño de la supuesta aparición. Algunas personas decían ver «la sombra del Santo» y otras que vieron «que se elevaba hasta el Cielo desde la roca». No todos los fieles veneraban la imagen. El Padre Cruz Acuña relató en El Católico que unos «van por mera curiosidad y bajan desilusionados diciendo: No vi nada. No es cierto. Y hay algunos irreverentes que lo toman a broma: Yo lo vi. Pero no era San Martín. Me pareció más bien Díaz Ordaz».

   El Arzobispo Juan Navarrete comisionó al Padre Esteban Sarmiento para investigar el caso. Algunos sacerdotes, junto con Don Juan, «descartaron cualquier posibilidad de un hecho sobrenatural en las supuestas apariciones», pues no había evidencias serias. Sin embaro, el señor Navarrete valoró las muestras de devoción popular al declarar que él no se opone a que «los fieles católicos manifiesten su veneración hacia el milagroso Santo peruano» y exhortó a «cumplir con los diez mandamientos, que no creo que sean tan difíciles de acatar, como el ascenso a esa cumbre de rocas y matorros».

   El caso llegó hasta el convento de Santo Domingo en Lima, donde los frailes dijeron que respetarían la opinión de los clérigos mexicanos. Ante la iniciativa de construir un templo, el Arzobispo señaló que si «los fieles piden una iglesia para San Martín de Porres, podemos hacerla, para que el templo se levante en el sitio donde sea más práctico su beneficio, donde haga más falta».

   A mediados de los sesenta, en la naciente colonia popular El Choyal, donde vivían más de mil familias, se construyó un tejabán de madera con el apoyo de los vecinos y fue dedicado a San Martín; la edificación formal del templo parroquial empezó en 1969.

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