2 de marzo de 2024

Hachiko, el perro que esperó 10 años en una estación de tren a su dueño muerto

Hachiko acudió todos los días, durante 10 años, a la estación de Shibuya, en Japón, a la hora en la que llegaba el tren que siempre traía de vuelta a su dueño. Y en la estación murió. Tiene una estatua y llegó al cine con Richard Gere como su dueño.

Hachiko, el perro que durante 10 años esperó en una estación de tren a su dueño muerto (Facebook).Hachiko, el perro que durante 10 años esperó en una estación de tren a su dueño muerto (Facebook).

Es la historia de un perro. Era japonés y se llamaba Hachiko (1923-1935). Su dueño, Hidesaburo Ueno, era un agrónomo que impartía clases en la Universidad de Tokio. Lo encontró cuando apenas era un cachorro, en 1924. En un principio no quiso quedárselo, pero después se encariñó con él y cambió de opinión. Al notar que el perrito sufría una desviación en las patas delanteras, decidió llamarle Hachi, en referencia al término nipón que designa al ocho.

Ueno y Hachiko se hicieron inseparables. El animal acompañaba al profesor por la mañana a la estación de tren de Shibuya, donde se lo podía ver al final de la jornada mientras esperaba su vuelta. Aquellos con los que se encontraban en su trayecto diario, transeúntes o dueños de comercios, observaban con simpatía la devoción del perro por su amo.

Una muestra de fidelidad pocas veces vista.

Pero el profesor murió el 21 de mayo de 1925, víctima de una hemorragia cerebral. Hachiko, a partir de ese momento, siguió acudiendo invariablemente a la estación, como si Ueno tuviera que llegar en cualquier momento. Iba a vivir allí, en Shibuya, el resto de su existencia. Admirados por su inquebrantable fidelidad, los viajeros que pasaban por allí se encargaron de alimentarlo y cuidarlo. Empezó a ser conocido por todos como «el perro fiel».Mirá también

En homenaje a su constancia, en abril de 1934 se inauguró una estatua en su honor. El propio Hachiko se hallaba entre los asistentes a la ceremonia. En esos momentos ya lo habían convertido en una estrella. Al acto acudieron altos dignatarios, además de Kishi Kazutoshi, autor de un libro sobre su historia, y Sakano Hisako, sobrina del profesor Ueno.Imagen de Hachiko en sus últimos años (Dominio público).

Imagen de Hachiko en sus últimos años (Dominio público).

Sin embargo, tanto interés por un animal distaba de ser inocente. Corrían los años treinta, una época de auge de las corrientes totalitarias. La fidelidad de Hachiko, por ello, fue instrumentalizada a favor de una ideología próxima al fascismo. Su lealtad se comparó con la doctrina del bushido, por la que se establecía un fuerte vínculo entre el guerrero samurái y el señor al que servía. Hachiko, desde esta óptica, simbolizaba la obediencia del pueblo japonés a su emperador.Mirá también

Hachiko en la estación de tren de Shibuya, esperando a su dueño (Facebook).

Hachiko en la estación de tren de Shibuya, esperando a su dueño (Facebook).

Por otra parte, como ha señalado el historiador Aaron Skabelund en Empire of Dogs: Canines, Japan and the Making of the Modern Imperial World (2011), los comerciantes no tardaron en ver en aquella historia emotiva un filón para sus negocios. Había que aprovechar la coincidencia de que se celebraba en el zodiaco japonés «el año del perro». El nombre de Hachiko se convirtió en aviso para la venta de todo tipo de productos, de baterías de cocina y libros a quimonos, muñecos y postales.Hachiko acudió todos los días, durante 10 años, a la estación de Shibuya, en Japón, a la hora en la que llegaba el tren que siempre traía de vuelta a su dueño. Y en la estación murió (Facebook).

Hachiko acudió todos los días, durante 10 años, a la estación de Shibuya, en Japón, a la hora en la que llegaba el tren que siempre traía de vuelta a su dueño. Y en la estación murió (Facebook).

Nuestro protagonista murió al año siguiente, el 8 de marzo de 1935. Naturalmente, se hallaba en la estación ferroviaria en aquel momento. Los estudios determinaron que falleció a causa de un cáncer, así como de filariasis, es decir, una infección parasitaria.

Su cuerpo, disecado, acabó en el Museo de Ciencias Naturales de Tokio. Algunos años después, los imperativos de la Segunda Guerra Mundial obligaron a fundir su monumento: el Ejército necesitaba el bronce para fabricar armas. En 1947, una nueva estatua se levantó en Shibuya, la misma que puede contemplarse en la actualidad.Conmemoración del primer aniversario de la muerte de Hachiko (Dominio público).Conmemoración del primer aniversario de la muerte de Hachiko (Dominio público).

Una historia tan atractiva no podía dejar de encandilar a los cineastas. En 1987, Hachiko Monogatari, de Seijiro Koyama, alcanzó un gran éxito. Después vendría el remake de Hollywood: «Siempre tu lado», Hachiko (2009), donde la acción se traslada a Estados Unidos. Richard Gere interpreta a Parker Wilson, el profesor de música que encuentra a un perro de origen japonés.

Tiene una estatua, documentales y hasta una película. Es la historia de un perrito que esperó a que su amigo regresara a casa

Hachiko era un Akita Inu que nació en 1923 en la prefectura de Akita. Un año más tarde se convirtió en un regalo para la hija de un profesor de ingeniería agrónoma de la universidad de Tokio. Cuando el profesor, Eisaburo Ueno, lo vio por primera vez se dio cuenta de que sus patas estaban levemente torcidas, se parecían al kanji que representa el número 8 (八, que en japonés se pronuncia hachi), así que decidió ponerle de nombre Hachiko.

Cuando la hija de Ueno creció, se casó y se fue a vivir con su marido dejando atrás al perro. El profesor se había encariñado con él, así que decidió quedárselo en vez de regalarlo.

Ueno iba a trabajar en tren todos los días y Hachiko se convirtió en su fiel acompañante. Todas las mañanas lo acompañaba a la estanción de Shibuya e iba a recibirlo de nuevo cuando volvía.

¿Por qué es famoso Hachiko?

Hachiko es famoso por ser el perro leal que esperó en una estación de tren de Shibuya a su dueño, el maestro al que fue entrenado para ser leal, durante todo el día. Todos los días a las 4 de la tarde, Hachiko entraba en la estación de Shibuya, donde su dueño llegaba a casa a las 9. En cuanto veía a su amo, corría hacia él, saltaba y le lamía la cara y luego se sentaba a esperar de nuevo.

La gente de todo el mundo estaba fascinada con la devoción y la lealtad de Hachiko. Mucha gente también quería conocerlo y ser entrenado por él, por lo que muchas personas le dejaban comida en la estación. Muchas personas también querían adoptarlo, pero Hachiko nunca permitió que nadie se lo quitara a su dueño.

La historia de Hachiko fue muy inspiradora para muchas personas, que se sintieron inspiradas a ser también leales, amables y serviciales con los demás. Después de la Segunda Guerra Mundial, la historia de Hachiko se hizo aún más popular y se utilizó como ejemplo de verdadera amistad.

¿Qué podemos aprender de Hachiko?

  • Inspiración para ser leal
    La lealtad en este nivel es legendaria, trasciende el tiempo y cambia el mundo. Aspiro a este tipo de lealtad todos los días y esta historia me ayuda a inspirarme para seguir siendo fiel a mis creencias, amigos, familia, difundir el amor
  • La lealtad no es fácil
    Se necesita mucha fuerza de voluntad y he sido desleal a muchas personas y muchas cosas, pero cuanto más trato y trabajo en ser leal, más fácil se vuelve ser leal en todos los ámbitos.

Hachiko es un perro muy leal y fiel, y esperará en la estación a que su amo regrese aunque haga mucho frío fuera. También es muy amistoso con otros perros de la estación, pero nunca se separará de su amo.Nunca debes abandonar a tus amigos o a tu familia aunque las cosas se pongan difíciles. Sé siempre leal a tus seres queridos y estar siempre a su lado, pase lo que pase.

Tomado de La Vanguardia.