13 de junio de 2024

Victor Osimhen, de vender naranjas y hurgar en la basura a triunfar en Europa

El compañero del Chucky Lozano en el Nápoli, un delantero nigeriano de 24 años que recogió basura, vendió naranjas y diarios y apenas tenía zapatos para jugar a la pelota, ahora vale 120 millones de euros

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Victor Osimhen, el goleador sensible y enmascarado de Napoli que enamora a los fanáticos de Maradona

Alejandro Casar González / La Nación (Argentina)

En Nápoles es carnaval. El equipo de la ciudad que reverencia en sus calles a Diego Maradona va en velocidad crucero rumbo a su primera conquista de Serie A en los últimos 30 años; apenas la tercera de su historia. Y sorprende en Europa, donde acaba de batir a Eintracht Frankfurt en el corazón financiero del Viejo Continente. Los goles de Victor Osimhen, un delantero nigeriano de 24 años que recogió basura, vendió naranjas y diarios y apenas tenía zapatos para jugar a la pelota, propulsan al equipo. Lleva 18 tantos en 19 partidos en la liga italiana y contra Sassuolo convirtió por séptima vez seguida, sobrepasando en consecutividad tanto al Diez como a Gonzalo Higuaín, que habían festejado seis veces sucesivas.

Osimhen es un héroe enmascarado y va camino a convertirse en el primer capocannoniere de la Serie A nacido en África. En noviembre de 2021, Milan Skrinniar, defensor de Inter, lo mandó al hospital tras un choque durante un partido. Resultado: más de 20 fracturas. Un ojo se le salió de su órbita. La cirugía reconstructiva duró cinco horas, en las que a Victor le pusieron seis placas y 18 tornillos de titanio. Una suerte de Robocop futbolero. Osimhen, que juega al futbol para, vivir la vida con la que siempre soñó, según dice, no se dio por vencido. Y regresó más fuerte que antes, como lo muestran sus números.

Osimhen es un héroe enmascarado y va camino a convertirse en el primer capocannoniere de la Serie A nacido en África. En noviembre de 2021, Milan Skrinniar, defensor de Inter, lo mandó al hospital tras un choque durante un partido. Resultado: más de 20 fracturas. Un ojo se le salió de su órbita. La cirugía reconstructiva duró cinco horas, en las que a Victor le pusieron seis placas y 18 tornillos de titanio. Una suerte de Robocop futbolero. Osimhen, que juega al fútbol para, vivir la vida con la que siempre soñó, según dice, no se dio por vencido. Y regresó más fuerte que antes, como lo muestran sus números.

Osimhen festeja un gol de Napoli con su compañero Giovanni Di Lorenzo
Osimhen festeja un gol de Napoli con su compañero Giovanni Di Lorenzo

Cuando este delantero tan corpulento como veloz llegó desde Lille, de Francia, en la temporada 2020 por casi 70.000.000 de euros, muchos dudaron de su valía. Casi desconocido para el gran público, entró al top 10 de los pases más grandes de aquel año en términos económicos. ¿Sus antecedentes? Empezó a jugar al fútbol en una escuela de su ciudad, Lagos, la capital y urbe más poblada de Nigeria. Una semana después de cumplir 18 años se fue a Alemania, donde fichó por Wolfsburgo. En ese club jugó 16 partidos y no hizo goles. Tuvo que ganarse la vida fuera de allí: partió a préstamo a Charleroi, de Bélgica, con una opción de 3.500.000 euros. Allí explotó: 20 goles en 36 partidos. El delantero fue uno de los mejores negocios en la historia del club: lo adquirieron en propiedad y en la misma ventana de transferencias lo vendieron a Lille.

Osimhen, ya comparado con el marfileño Didier Drogba, siguió con su progresión: 18 tantos en 38 encuentros con la camiseta de Lille. Suficiente para Napoli, que añoraba los goles del uruguayo Edinson Cavani, los del argentino Higuaín. Precisaba un depredador del área. Un 9 que consiguiera al menos 10 tantos por campaña. Invirtió en el nigeriano. ¿El resultado? Diez anotaciones en 30 partidos durante su primer año. Luego, 18 en 32 jornadas. Y este año rompió todo: lleva 20 en 24, es la sensación de Europa, tiene a los grandes de Inglaterra siguiéndole los pasos y aspira a ganar todo en Napoli. ¿Su precio? No menos de 120.000.000 de euros. Tiene 24 años, recién cumplidos.

“Mi vida es sencilla”, dice Osimhen durante una entrevista con el portal OmaSports. Y agrega: “Mi forma de vivir es respetar a todos sin temer a nadie. El campo de juego es mi trabajo: un negocio. Cuando lo abandono hay un yo completamente diferente. Sólo quiero vivir, divertirme y ser feliz porque la vida es demasiado corta. Al tiempo que tengo disponible quiero disfrutarlo: ganar dinero y, por supuesto, mantener a las personas que amo cerca de mi corazón”.

El corazón de Osimhen afloró en dos momentos particulares en esta temporada. Antes del último partido de Napoli como visitante por la Serie A, contra Spezia, el delantero hacía los trabajos precompetitivos con pelota. Calculó mal un pase y el balón dio de lleno en la cara de una fanática del club local, que estaba en la platea. Apesadumbrado, Osimhen se acercó a la tribuna y pidió disculpas a la damnificada. No lo disuadió que Spezia fuera uno de los rivales más encarnizados de Napoli.

En otra ocasión, después de un partido en el ex estadio San Paolo, rebautizado “Diego Armando Maradona”, Osimhen saludó a sus hinchas junto a sus compañeros y divisó en la tribuna a un joven que hacía flamear una bandera que tenía un dibujo suyo. Un Victor Osimhen impreso, festejando un gol, enmascarado. El nigeriano rompió la fila de la improvisada vuelta olímpica y se aproximó a uno de los auxiliares, al pie del campo. Le hizo señas al joven que seguía agitando la bandera: quería su teléfono. El auxiliar concurrió a la tribuna y le tomó los datos. Luego, en pleno festejo, le dictó los números al futbolista, que inicialmente quiso anotarlos en una mano y, luego lo hizo en la parte de atrás de la credencial de un fotógrafo.

Osimhen tiene claro que trabaja para el conjunto. Autor de uno de los tantos del 2-0 de este martes a Eintracht en Fráncfort por la Champions League (tras una exquisita asistencia de su compadre de nombre imposible, el georgiano Khvicha Kvaratskhelia), dijo: “Ser el máximo goleador no me interesa. El equipo está por encima de mi ambición personal”. Y agregó: “Mientras el equipo gane, no me importa quién hace los goles ni si estoy en la cima de la tabla de goleadores. Este año tenemos un objetivo como club y el entrenador lo dejó claro: hay que ir partido por partido. Todos los ojos están puestos en nosotros. Ganar sería fantástico para el club y la hinchada, pero tendremos que trabajar duramente y seguir jugando bien durante mucho tiempo”.

Parte de la prensa italiana compara a Osimhen y Kvaratskhelia con esa dupla mágica que encarnaron en los años ochentas Careca y Maradona. Los 15 puntos de ventaja que lleva Napoli en la Serie A y el andar sólido en la Champions hacen pensar que este puede ser el año del cuadro sureño. Aunque comenzó siendo defensor, el nigeriano es 9, claramente, y su máximo ídolo en el pasional club celeste es el 10 que condujo al seleccionado argentino a ganar la Copa del Mundo en México 1986. “Diego es el preferido de todos”, dijo alguna vez sobre Maradona. Sacarse una foto en un mural del argentino es natural para él, como para cualquier napolitano.

Tiene casi tantas zapatos deportivos –lo único que colecciona– como goles en su carrera: acumula 86, a un ritmo de un tanto cada dos partidos. Pero ni las estadísticas ni la fama ni ser el goleador de moda en Europa sacan de eje a Osimhen. Tiene presente todo lo que tuvo que pasar para llegar al lugar en el que está. A los 24, está curtido como un veterano. Su madre perdió la vida cuando él tenía seis años, y su padre, el empleo tres meses después. Victor y sus siete hermanos conseguían el poco dinero que ingresaba a su casa de Lagos gracias a aquella venta ambulante: naranjas, diarios… Incluso hurgaba en la basura. Lo que otros dejaban, él se lo quedaba. “A veces encontraba unas zapatillas para mi pie derecho y luego buscaba para el izquierdo. Tenía una de una marca y otra de otra. Mi hermana las arreglaba para que pudiera jugar al fútbol”, contó en una entrevista con el diario inglés The Independent.

Los ejecutivos de Napoli tienen claro que “a algunas ofertas no se las rechaza”. También saben que están a las puertas de una temporada que puede llevarlo al club a Estambul, sede de la final de la Champions League. Del lugar que ocupe el equipo al final de la campaña dependerá el futuro de Osimhen, el delantero sensible y enmascarado que enamora a los fieles de Maradona.