15 de junio de 2024

Libros de la SEP no desarrollan habilidades de lectura, escritura, aritmética ni geometría

Los “múltiples lenguajes” de la SEP

Ninguno de los libros de la colección de “Múltiples lenguajes” es formativo; no son libros que desarrollen las habilidades de lectura, escritura, aritmética, geometría; son más bien libros de lectura, compuestos por pequeños textos, unos más afortunados que otros, profusamente ilustrados, misceláneos, orientados solamente a juegos.

Luis Fernando Lara / nexos

La presentación al alumno de cada uno de los libros dedicados al tema Múltiples lenguajes comienza con una bella cita de Federico García Lorca: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”. Los autores del libro agregan de inmediato: “Asesinado por pensar diferente y desear un mundo mejor para los suyos, para los humildes…”. Federico García Lorca era hijo de una familia acomodada, nada humilde y lo fusilaron por simpatizar con la República Española en contra del franquismo y por ser homosexual. Los suyos eran todos los españoles, ricos y pobres.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

Me centro en el libro de primer año de primaria. Hay que decir que, salvo que la enseñanza de la lectura y la escritura se haya consolidado desde el jardín de niños y la preprimaria, y que en consecuencia el niño de seis o siete años de edad ya lea muy bien, y además haya desarrollado una comprensión muy amplia de un texto como el siguiente, lo más probable es que realmente no comprenda nada; tanto más cuando se trate de pequeños de zonas rurales, quienes están en el centro de toda la concepción del libro. Dice el texto escolar:

Es probable que cuando escuchas la palabra “lectura”, lo primero que te llega a la mente es una página llena de letras, cuyo significado vas descifrando al juntar una con otra hasta formar palabras y luego enunciados que transmiten una idea.

Sin embargo, el acto de leer es más que eso. La lectura es parte de la naturaleza humana, igual que respirar, comer, dormir o llorar. El mundo está lleno de señales y códigos que lees sin darte cuenta, porque todos los seres vivos que te rodean usan un lenguaje para comunicarse contigo. Incluso el cielo, con sus formas curiosas en las nubes, las copas de los árboles al agitarse con el viento y —por supuesto— los animales y los sonidos que emiten para expresar sus necesidades te están contando algo todo el tiempo; sólo tienes que estar atento para mirarlo, sentirlo y escucharlo.

El o los autores de este párrafo no se enteraron de la amplia investigación llevada a cabo desde hace más de cincuenta años en el Cinvestav, dirigida por Emilia Ferreiro —lamentablemente fallecida este domingo— acerca de los procesos de adquisición de la lectura y la escritura por los niños pequeños, cuyos resultados debieran definir el acercamiento pedagógico a la lectura en primer año de primaria: no es tan fácil como juntar letras, formar palabras y reconocer enunciados. Los procesos de lectura y escritura en primer año de primaria debieran dar lugar a constantes ejercicios por parte de los niños y a un asesoramiento cuidadoso por parte del maestro. Un maestro dedicado a elaborar las ideas de cómo educar en la lectura y la escritura debiera conocer bien aquellas investigaciones, ampliamente difundidas. No hay que olvidar que el niño de primero y segundo año de primaria, al menos, son pequeños; su vocabulario es todavía reducido, sobre todo el vocabulario culto; los procesos reflexivos se dan un par de años más tarde. Lo menos que se puede decir de este párrafo es que sus autores no conocen a sus lectores.

Los seres humanos, a lo largo de sus cerca de doscientos mil años de existencia, han respirado, han comido, han dormido y han llorado. Eso es parte de la naturaleza humana. La escritura no forma parte de la naturaleza humana; la escritura se inventó hace unos cuatro o tres mil años. Es producto de la cultura. Nadie necesita aprender a respirar, a comer, a dormir o a llorar, pero sí se necesita aprender a leer y a escribir. El objetivo de todo libro de texto para primer año de primaria debe ser ante todo la enseñanza y la consolidación de la escritura y la lectura, y el desarrollo de la capacidad de expresión tanto hablada como escrita. La lengua y su escritura se educan.

No logro entender cómo se les ocurrió a los responsables de estos libros de texto meter en el mismo saco la educación de la lengua, la enseñanza de las matemáticas y de la música, la danza y la pintura. Sus calidades de “lenguajes” son muy diferentes. En efecto hay una facultad del lenguaje que los seres humanos compartimos con muchos animales, como los monos, las ballenas, los delfines, etc., pero los lenguajes animales consisten de pequeños elencos o códigos de señales relacionados estrictamente con su supervivencia (no para comunicarse con los seres humanos); en cambio, las nubes o el agitarse de las ramas de un árbol no son lenguajes; las nubes no buscan comunicarse ni entre sí ni con los seres humanos; tampoco las plantas; decir que son “lenguajes” es atribuirles una naturaleza que no tienen y que solamente confundirá a los niños. Muy poéticos esos “lenguajes” pero son falsos.

Las materias más trascendentales de la educación primaria son la lengua y las matemáticas, y agrego la música, postergada durante muchos años: son los medios de todo conocimiento y toda expresión; en consecuencia, en vez de mezclarlos incluso con los llamados “lenguajes” de la danza o la pintura, que son expresiones emocionales pero no se articulan como los verdaderos lenguajes, los libros debieran estar dedicados exclusivamente a esos tres verdaderos lenguajes humanos.

Ninguno de los libros de la colección de Múltiples lenguajes es formativo; no son libros que desarrollen las habilidades de lectura, escritura, aritmética, geometría; son más bien libros de lectura, compuestos por pequeños textos, unos más afortunados que otros, profusamente ilustrados, misceláneos, orientados solamente a juegos, a pequeñas cápsulas de conocimiento, de civismo y de buenas costumbres higiénicas. El efecto de esos libros puede ser una poderosa disipación de la atención de los niños, que es la mejor manera de que no construyan sistemáticamente sus conocimientos.

Los temas que van introduciendo los libros forman un catálogo de datos curiosos, de temas que debieran desarrollarse en sus páginas; por ejemplo, aparecen los números apenas en la página 35 mediante una especie de historia de la invención de las cuentas y luego se ilustra con un número arábigo, uno romano, uno chino, uno maya, etc. Interesante, sí ¿pero hacia dónde va? Vuelven a aparecer números 120 páginas más tarde, y sólo dos páginas para cálculos sencillos. No hay sumas, restas, tablas de multiplicación, multiplicaciones, divisiones. ¿Será que los pedagogos de la SEP creen que ahora las computadoras ya eximieron a la humanidad de saber aritmética? No aparece el orden alfabético; no hay pequeños ejercicios de ortografía, no hay ejercicios de reconocimiento de las oraciones; ya que introducen muchos poemas, no hay explicaciones sobre cómo construir versos. El niño como espectador asombrado ante una variedad de datos. Se da una breve explicación de la notación musical con la clave de sol y la escala de do a do; en seguida propone: “Intenta leer las siguientes notas” y aparecen dos partituras de canciones en tojolabal y seri, llenas de bemoles, de notas negras, blancas, corcheas, semicorcheas, ligaduras, etc., que, por supuesto, no explican, pues es claro que su objetivo tampoco es enseñar música. Leer esa partitura requiere muchas clases de solfeo. En “el origen de las letras” presentan a los niños una tablilla mesopotámica, con escritura cuneiforme, y les preguntan: “¿Qué ideas crees que trataron de transmitir nuestros antepasados?”. A ver cuál de los autores de este libro nos explica qué cree que transmiten los asirios en sus tablillas. En seguida, ofrecen una tabla con varios caracteres fenicios y griegos, con sus correspondencias latinas. ¿Hacia dónde va eso?

Llama la atención que en varias páginas el libro apela al uso de un código QR, que podrán los niños utilizar con un teléfono celular. ¿Esos niños realmente humildes, que ilustran de manera exclusiva las páginas del libro disponen de teléfonos celulares inteligentes?

El libro de Proyectos escolares se ofrece como una “aventura de aprendizaje”, por la cual:

crearás en colectivo una Memoria escrita de sentimientos y pensamientos. Con ella identificarás la importancia de usar diferentes tipos de lenguajes para expresar emociones en la escuela y mejorar la amistad entre la comunidad escolar. Luego, presentarás tu memoria ante la comunidad escolar para que muestres las distintas formas de comunicarse.

En este “campo formativo” tampoco hay conocimiento de la lengua, ni de las matemáticas, ni de la música y mucho menos ejercicios.

Un libro sin recetas para la maestra y el maestro o “libro del docente”, que no varía en su concepción y contenidos respecto del del alumno, dice: “representa el esfuerzo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) por brindar una teoría que acompañe la revolución que realiza en sus aulas”; esa “teoría” es un largo catecismo revolucionario, basado en las llamadas “Epistemologías del Sur” del pensador portugués Boaventura de Sousa Santos, en el pedagogo brasileño Paulo Freire y en otros autores de semejante tendencia. En ese mismo sentido se afirma:

Los proyectos presentes en los LTG no son productos con contenidos acabados, se convierten en detonadores para fomentar el encuentro con la realidad, una realidad que históricamente respondió a cumplir con las agendas internacionales y que estandarizaron al estudiante para hacerlo una presa más del sistema.

Quiere decir que ahora la carga de la verdadera enseñanza queda en manos de los maestros, a quienes no se les dota de los materiales necesarios para que los niños ejerciten la lectura y la escritura, aprendan las tablas de multiplicar, aprendan a hacer la cuatro cuentas elementales (y ya no agrego el solfeo). Desde que la humanidad aprendió a leer no lo hizo motivada por una perversa “agenda internacional», orientada a convertirnos en “presas del sistema”. Aprendimos a leer porque es la manera de enterarnos de los conocimientos que miles de millones de seres humanos han venido transmitiéndonos; que nos han permitido llegar al estado actual de la civilización y el conocimiento; que nos han permitido situarnos como especie y como ciudadanos de cada país en nuestro mundo; y, finalmente, que nos dan la verdadera libertad.

Luis Fernando Lara
Profesor-investigador emérito de El Colegio de México. Miembro de El Colegio Nacional.