23 de septiembre de 2021

LOS GIGANTES OLMECAS

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Once cabezas colosales y una fecha clave: así fue como Matthew Stirling descubrió que los Olmecas fueron la primera cultura de Mesoamérica.

por Diego Ávila/Guías de México en Travesías

1869. Un artículo escrito por el veracruzano José María Melgaren el Semanario Ilustrado reporta el hallazgo de una escultura colosal en la zona de los Tuxtlas, en el estado mexicano de Veracruz. Según el texto, los hechos sucedieron varios de años antes, cuando en 1862, el autor se enteró de un campesino que había dado con un objeto enterrado de grandes dimensiones mientras trabajaba en su milpa en la hacienda de Hueyapan, cerca de Tres Zapotes.

Melgar, que era aficionado a la arqueología (antes de que ésta se considerara como una disciplina especial), buscaba activamente encontrar y coleccionar ‘antigüedades mexicanas’, así que acudió al sitio y excavó el objeto reportado por el campesino, hasta descubrir lo que era una cabeza tallada en piedra de gran tamaño. Los hallazgos de objetos históricos de culturas pre-hispánicas no eran cosa nueva en el territorio mexicano, pero las características de esta escultura sí lo eran. El grosor de sus labios y la anchura de su nariz recordaban más a los siluetas africanas que a las más estilizadas líneas de las esculturas mayas o mexicas que ya se conocían, y aunque el descubrimiento fue dado a conocer, fecharlo resultó ser una tarea más complicada.

La corazonada de Matthew Stirling

Desde mediados del siglo XIX, los reportes de viajes de Frederick Catherwood y John L. Stephens en Yucatán habían alimentado la curiosidad por la antigua civilización maya, y décadas más tarde, durante el Porfiriato, había habido esfuerzos estatales por trazar una única ‘historia nacional mexicana’ que incluyese lo mismo a los mayas, los mexicas y los teotihuacanos. Sin embargo, los creadores de los objetos y esculturas que continuamente comenzaron a encontrarse en la costa del Golfo de México no parecían encajar del todo con los cánones establecidos y comúnmente se les clasificaba como ‘mayas tempranos’.

Todo cambió cuando el antropólogo Matthew W. Stirling llegó al sitio de Tres Zapotes en 1938. Stirling, que había nacido en California en 1898, era director de la Oficina de Etnología Americana (BEA por sus siglas en inglés) del Instituto Smithsoniano. Tras haber estudiado antropología en las universidades de Berkeley y Georgetown, había pasado a formar parte de la célebre institución washingtoniana, en la que trabajaría de 1928 a 1957.
     Tras sus primeras expediciones en Dakota del Sur y en Nueva Guinea, Stirling había tenido un primer contacto directo con América Latina durante una expedición a Ecuador. Sin embargo, reportes de varios descubrimientos en México llamaron su atención a este país, pues sospechaba que los objetos descubiertos en las regiones tropicales del Golfo eran (considerablemente) más antiguos que lo que se pensaba. 

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Matthew Stirling junto a una cabeza colosal. Foto: Archivos del Instituto Smithsoniano

500 años antes de lo estimado: los Olmecas

A partir de 1938, Matthew Stirling regresaría continuamente a Tres Zapotes durante dieciséis años. Y aunque a su llegada ya había una cabeza colosal descubierta, a lo largo de los años lograría desenterrar otras once. Una de sus expediciones recibió financiamiento de la National Geographic y en un lapso de únicamente tres días, encontró cinco de las famosas cabezas. Sin embargo, el hallazgo más crucial no sería una de estas enormes esculturas, sino una fecha. Al año siguiente de su llegada, en 1939, Matthew y su esposa Marion dieron con una estela, y al traducir las inscripciones talladas en ella, pudieron descifrar un año: 291 a.C. 

Para este momento, las culturas mesoamericanas más tempranas solían fecharse en el período clásico temprano (entre el año 200 y 600 d.C), por lo que una fecha como 291 a.C, que era prácticamente medio milenio anterior, resultaba no sólo desconcertante, sino incluso improbable, pues en toda América nunca se había encontrado nada que datase de de una época tan temprana.
En ese mismo año, Stirling publicaría Discovering the New World’s Oldest Dated Work of Man. A Maya Monument Inscribed 291 B. C. is Unearthed Near a Huge Stone Head by a Geographic-Smithsonian Expedition in Mexico en la revista de la National Geographic. Y aunque en él, el arqueólogo defendía su teoría de que el año 291 a.C era correcto, aún clasificaba el monumento como maya. 

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Tras conocerse en el Smithsoniano, Marion y Matthew Stirling contrajeron matrimonio en 1933. Ambos viajarían, excavarían y publicarían de manera conjunta divulgando sus descubrimientos. Foto: Archivos del Instituto Smithsoniano

Marion Stirling junto a una cabeza Olmeca. Foto: Archivos del Instituto Smithsoniano

No sería sino hasta 1942 cuando, en un congreso de la Sociedad Mexicana de Antropología, Alfonso Caso y Miguel Covarrubias propusieron un nuevo término: ‘cultura madre’; que permitiera no sólo diferenciar a los Olmecas de todas las otras culturas del territorio mesoamericano, sino también designarla como el origen del resto de las manifestaciones culturales precolombinas en México. Stirling, que también se encontraba formando parte de la conferencia, concordó. A lo largo de sus excavaciones, y más allá de las cabezas colosales, el estadounidense había estado concluyendo que, por sus rasgos y materiales, las figurillas, máscaras, relieves y demás objetos que desenterraba en Tres Zapotes (pero también en los sitios de La Venta, San Lorenzo Tenochtitlan, Cerro de las Mesas e Izapa) poseían características propias que denotaban una cultura no sólo original, sino incluso anterior a los mayas.

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La gente del país del hule

Sin embargo, algo que no había podido hallarse era el nombre con el que los miembros de esta cultura se habían denominado a sí mismos. El término ‘olmeca’, que significa ciudadano de Olman (tierra de hule) o habitante de la región del hule, es un nahuatlismo que era empleado por los mexicas entre los siglos XIV y XVI para designar a las personas que habitaban en los territorios de los actuales estados de Veracruz y Tabasco, y hace referencia a que eran ellos quienes producían el hule que llegaba y se usaba en Mexico-Tenochtitlan.

De este modo, el término olmeca había sido adoptado en general para indicar una procedencia geográfica, pero el nombre original con el que los habitantes de esas tierras se habían identificado más mil quinientos años antes de que los mexicas acuñaron el olmeca, sigue siendo un misterio. Para evitar confusiones, se propuso incluso denominar a los creadores de las cabezas colosales como cultura de La Venta, pero el intento no prosperó y hasta la fecha siguen siendo conocidos como Olmecas. 

Años después, con la invención de la técnica del carbono-14, se pudo comprobar científicamente que los hallazgos olmecas precedían en antigüedad a los mayas, y así se abrió lo que actualmente es conocido como período pre-clásico mesoamericano (5000 – 200 a.C). Matthew Stirling fallecería en el 23 de enero de 1975. Si bien su trabajo marcó el desarrollo de la antropología moderna estadounidense, en particular en lo que se refiere a sus relaciones con América Latina, y publicó prolíficamente sobre los olmecas, es especialmente recordado por haber descubierto once de las 17 cabezas colosales que hoy se conocen, y que con su mirada fija y clara personalidad, siguen fascinando e intrigando a todos los que se paran frente a ellas.

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