2 de marzo de 2024

El romance entre Pobereyko y Guasave

El amor que Guasave le demuestra a Matt Pobereyko es el espejo del amor que a Matt le nació ahí, donde hizo amigos, una familia y cumplió sueños, contaba los días por volver, y ahí está y ahí seguirá por siempre.

.

TEXTO ENVIADO POR UNA PERSONA MUY CERCANA A MATT…

Pobereyko el hombre

Matt Pobereyko no era solamente un gran pitcher, también un gran hombre, de lo cual quisiera platicarles un poquito más de él.

Su pasión por el beisbol inició con su padre, quien también era beisbolista, que una vez retirado estudió para convertirse en abogado; su mamá Karen era su fan #1, siempre veía todos sus juegos.

Él inició desde abajo, jugando en ligas menores en EU, ganando el mínimo pero nunca dejando su pasión, y por fin tuvo una oportunidad en República Dominicana, donde jugó por 5 años como pitcher cerrador.

En el invierno del 2021 lo liberaron y fue cuando Algodoneros lo contrató por primera vez para jugar playoffs. Cuando regresó este invierno del 2022 puso la condición de que vendría pero como pitcher abridor, por lo cual se le criticó y se le llegó a decir que no podría, pero su coach de pitcheo aquí en Algodoneros le dijo que entre los dos les demostrarían a todos que estaban equivocados. Y así fue.

Matt era amante de los perros, podía pasar horas en el balcón de su departamento en Guasave viendo perros pasar, el tenia dos gigantes de los Pirineos que vivían con sus papás; Gracie y Wrigley, las adoraba. También le encantaba pasar por la farmacia Guadalajara que está contra esquina de la escuela Mariano Escobedo porque siempre había perros pasando el rato por ahí; decía: ve a todos esos weyes pasándola bien. Por cierto, le encantaba la palabra wey. Era su manera de decirle a sus amigos y a los perros, básicamente a todo lo que el amaba. Decía que su mamá era su wey (su amiga) y su cómplice.

En algún momento le comenté: “La próxima temporada deberías venir una vez a la semana a alimentar a estos weyes (perros), muchos niños te admiran y empezarían a querer y cuidar a los perros como tu”, y me contestó: “Si lo haré, es una buena idea”.

En su complejo de departamentos vivían Jeff Kinley, Nico Tellaeche, Anthony Herrera y al final de la temporada Joey Terdoslavich. Matt todas las mañanas a las 11 am tenía el café preparado para tomarlo con los gringos (como él decía). Ahí en su departamento formó una familia, donde todas las mañanas había café, desayuno, platicas, risas y mucho mucho chisme. Le encantaba el chisme.

Matt era muy chistoso, muy carrilludo, pero era un tipazo. Muy apasionado, muy cariñoso y muy respetuoso. Generoso, siempre compartiendo, siempre. A veces les invitaba el desayuno a todos, sus favoritos eran el California wrap de Benys, los chilaquiles cremosos de Enchilaquiles y prácticamente todo el menú de Canela y Miel. Le encantaba cenar en Vore, Bodega 21 y al final conoció Fugu.

Matt se enamoró de Guasave y de su gente. Al final de la temporada decía que seguiría ganando para seguir aquí, no se quería ir, y si tenía que salir a pitchear aunque no le tocaba lo iba a hacer. Dos veces entró al bullpen preparado para cerrar el juego y ganar. No estaba listo para irse. Guasave le dio todo por lo que trabajó y se esforzó por muchos años. Tres días antes de morir platicando con su amigo Jeff Kinley decían lo mucho que extrañaba Guasave, sus calles, su comida y su gente.

El amor que Guasave le demuestra a Matt Pobereyko es el espejo del amor que a Matt le nació aquí. Donde hizo amigos, una familia y cumplió sueños, contaba los días por volver, y aquí está y aquí seguirá por siempre.

Matt Pobereyko. 1991 – 2023