24 de junio de 2021

El asesinato de Rubén Jaramillo y su familia

Historias del Sur Morelense: De Cárdenas a López Mateos.

El otrora oficial del ejército zapatista fue uno de los pilares de la lucha agraria y obrera en Morelos durante los gobiernos posrevolucionarios.

Pacificado  gracias  a  la  mediación  de  Cárdenas,  Jaramillo luchó  por  los  derechos  de  los  campesinos y colaboró con diversos movimientos nacionales.  Pero  desesperado  por  la  corrupción  de  los  políticos,  las  amenazas  a  los  luchadores  sociales  y  la  imposibilidad  de  transformar  las  cosas  por  medios  políticos, planeó levantarse en armas contra el gobierno por tercera vez.

Sin embargo ya no le dieron tiempo: fue asesinado y con él fueron sacrificados su esposa e hijos.

La caída del líder agrario Rubén Jaramillo en 1962

El 23 de mayo de 1962, el militar, político, revolucionario y guerrillero Rubén Jaramillo, su esposa Epifania Zúñiga García y sus hijos Enrique, Ricardo y Filemón, fueron secuestrados por soldados vestidos de civiles al mando del capitán José Martínez Sánchez, hombre moreno cuya mejilla cruza una cicatriz, guiados por el exjaramillista Heriberto Espinosa, alias “el pintor”, y trasladados en vehículos militares a las inmediaciones de las ruinas de Xochicalco, en donde horas después fueron ultimados con armas reglamentarias del Ejército Mexicano. La operación fue presenciada por los vecinos y Rosa García, anciana madre de Epifania.

Puede ser una imagen de 6 personas y personas de pie

Carlos Fuentes describió los asesinatos en la revista Siempre!

“Los bajan a empujones, Jaramillo no se contiene: es un león de campo, es te hombre de rostro surcado, bigote gris, ojos brillantes y maliciosos, boca firme, sombrero de petate, chamarra de mezclilla, se arroja contra la partida de asesinos; defiende a su mujer, a sus hijos, al niño por nacer; a culatazos lo derrumban, le saltan un ojo. Disparan las subametralladoras Thompson. Epifania se arroja contra los asesinos; le desgarran el rebozo, el vestido, la tiran sobre las piedras. Filemón los injuria; vuelven a disparar las submetralladoras y Filemón se dobla, cae junto a su madre encinta, sobre las piedras, aún vivo, le abren la boca, toman puños de tierra, le separan los dientes, le llenan la boca de tierra entre carcajadas. Ahora todo es más rápido: caen Ricardo y Enrique acribillados; las subametralladoras escupen sobre los cinco cuerpos acribillados. La partida espera el fin de los estertores. Se prolongan. Se acercan con las pistolas en la mano a las frentes de la mujer y los cuatro hombres. Disparan el tiro de gracia. Otra vez el silencio en Xochicalco.”

La caída del líder agrario Rubén Jaramillo en 1962
Jaramillo con el presidente Adolfo López Mateos poco antes de ser asesinado por el gobierno federal

Rubén  Jaramillo  nació  en  Tlaquiltenango  hacia  1900.  En  1914  se  incorporó  al  Ejército  Libertador  del  Sur  del  general  Emiliano  Zapata  y  se  convirtió  en  un  oficial  apreciado  y  querido por los habitantes de Morelos y el sur de Puebla.

En 1918 Jaramillo reunió a los hombres que lo seguían y les explicó que la revolución zapatista había sido derrotada, por lo que valía más guardar las armas y retirarse para continuar la lucha en un momento más propicio.

Durante  los  años  siguientes,  trabajó  en  diversos ranchos y haciendas, y conoció la cárcel en  la  que  lo  metieron  los  carrancistas  luego  del asesinato de Zapata. En los años veinte encabezó una lucha legal por la reforma agraria y con-sideró que el reparto prometido sólo era una bandera política y no un verdadero compromiso del gobierno. Al  comenzar  la  década  de  los  treinta,  era  el  más  conocido  y  respetado  de  los  dirigentes  campesinos  del  poniente de Morelos.

También apoyó decididamente la candidatura presidencial  de  Lázaro  Cárdenas  en  1934  y  durante  la  campaña  electoral  preparó  un  estudio  sobre  la  agricultura  de  la  región  que  concluía  con  la  petición  de  que el Estado construyera una gran central azucarera. Ese fue el origen del ingenio de Zacatepec, inaugurado  por  Cárdenas  en  1938  y  cuyo  primer  consejo  de  administración presidió Jaramillo.

En  1939,  por  expresa  petición  del  general  Cárdenas, Jaramillo y todos sus seguidores apoyaron la campaña  presidencial  de  Manuel  Ávila  Camacho,  pero  cuatro años después, considerando que el nuevo presidente había traicionado definitivamente los ideales de la Revolución, el dirigente llamó a sus compañeros a desenterrar las armas para recomenzar la lucha por la tierra y la libertad, reviviendo el zapatismo.

Pacificado  gracias  a  la  mediación  de  Cárdenas,  Jaramillo  siguió  luchando  por  los  derechos  de  los  campesinos y colaboró con diversos movimientos nacionales.  Pero  desesperado  por  la  corrupción  de  los  políticos,  las  amenazas  a  los  luchadores  sociales  y  la  imposibilidad  de  transformar  las  cosas  por  medios  políticos, planeó levantarse en armas contra el gobierno por tercera vez.

Sin embargo ya no le dieron tiempo: fue asesinado y con él fueron sacrificados su esposa e hijos. Al día siguiente,  sorteando  el  cerco  militar  que  rodeaba  el  panteón de Tlaquiltenango, miles de campesinos acudieron a su entierro.

Fue la culminación de la Operación Xochicalco, coordinada también por el Jefe de la Policía Judicial, General Carlos Saulé y por el Coronel Rivera, de la misma corporación; participaron directamente el Capitán Gustavo Ortega Rojas, Jefe del Servicio de Seguridad Pública del Estado de Morelos, el Capitán José Martínez, comandante de la partida militar de Zacatepec, Roberto Ramos Castaneira, Jefe del Servicio Secreto de Morelos. Rubén Jaramillo, Epifania Zúñiga (embarazada), Enrique, Filemón y Ricardo, fueron secuestrados y trasladados cerca de las ruinas prehispánicas de Xochicalco, donde horas después fueron asesinados.

El cuerpo de Rubén Jaramillo presentó nueve tiros (dos de ellos en la cabeza); Epifania tenía 47 años; sus hijos adoptivos militantes de las Juventudes Comunistas de México Enrique 20, Filemón 24 y Ricardo 28; su único hijo sanguíneo: meses de gestación. En su bolsillo se encontraron noventa centavos.

Y ¡nunca se realizó una investigación!

La masacre hasta la fecha sigue impune.

(Síntesis del texto El asesinato de Rubén Jaramillo Ménez de Alberto Guillermo López Limón)

Muerte y resurrección de Rubén Jaramillo

¡Ay, Rubén Jaramillo, padre de las espigas
prometidas al hombre
no ha de lavar el llanto tu sangre sin reposo
ni han de tañer campanas por tu muerte imposible;
porque hay palomas rojas y sedientas
bebiendo a sorbos ácidos el manantial del pecho
que abrió el sórdido crimen sobre la tierra seca!

¿Qué cobarde consigna segó tu voz de trigo?
¿Qué lebrel homicida cayó sobre tus hombros
portadores de harina cotidiana?
¿Y quién sembró de hierro
el surco alimentado
por el sudor de varoniles frentes?

¡Ay, Epifania Zúñiga, heroína,
alta mujer de vientre mutilado,
tu niño que soñaba con la gracia del mundo,
golpe de gracia tuvo antes del alba!

El crimen es un río desbordado
Sobre el valle que un día fue trasparente
Y que hoy lloramos turbio, envilecido
Por borrascas de fango y de ceniza.

Pueblo de mieses pisoteadas,
Contigo estamos hombres y mujeres
De esta patria de sombra
y grito amordazado.

Mira tu tierra, Jaramillo,
Tierra abonada con traición y engaño.
Lenguas de lobos ciegos contaminan la savia,
Y los tallos se pudren en las manos del hombre.

Deja que crezca la semilla de odio
Y el fruto de venganza;
Deja que llegue la alborada
Justiciera y sangrienta.

¡Arráncate los ojos, Emiliano Zapata!
No mires a tu hermano asesinado
A mitad de su grito;
No mires a tus hijos exhaustos de esperanza,
Porque el pecho labriego
En su sangre se ahoga, derramada
Sobre el lecho inocente de su casa.

¡Levantad la cabeza, labradores;
traed los azadones, despertad a los héroes
y que su ira limpie la inmundicia
que nos cubre de oprobio y de vergüenza!
¡Qué los buitres se coman a sus buitres!

No queremos descanso para ti, Jaramillo.
Una losa aprisiona tus hombros y tu pecho;
Pero la voz terrible que clama y se rebela,
Desde el sangriento río que alimenta a tus muertos,
Nos enciende de rabia la conciencia,
Y seguimos tu sombra iluminada
Con la verdad que azota las espaldas
De Judas y Caínes.

Un día volverá a brillar la aurora;
Un día los niños saltarán de nuevo
Sus pájaros al viento;
Un día los hombres de la tierra,
Cuando el arado sea un laúd que cante,
Cosecharán espigas dulces y alborozadas;
Un día, Jaramillo, resonará tu nombre
De cumbre a cumbre, por el fértil valle;
Un día sin odio, sin temor, sin asco,
Se abrirá el horizonte
Al recobrado sueño de la Patria.

Muerte y resurrección de Rubén Jaramillo - Margarita Paz Paredes.

Te pueden interesar

50 min de lectura
43 min de lectura
59 min de lectura